miércoles, 5 de enero de 2022

 

Duelo, sentido de vida y año nuevo

 




Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

Khalil Gibran (1883-1931) Ensayista, novelista y poeta libanés.

 

El final de cada ciclo da lugar a un nuevo comienzo y con frecuencia, al terminar el año e iniciar uno nuevo, nos planteamos nuevos propósitos. Estos propósitos dan, de cierta manera, sentido a nuestra vida. Por esto, este nuevo año es una nueva oportunidad para trabajar en ellos o reforzar aquellos que ya tenemos.

Sin embargo, es importante recordar que nuestro sentido de la vida no es único ni invariable, este puede cambiar de acuerdo a nuestra edad, nuestras prioridades, sueños, experiencias o responsabilidades. Por ello, es posible que en algún momento no sepamos qué responder a la pregunta de “cuál es nuestro propósito en la vida, o lo que le da sentido a ella”. Además cada situación reclama una respuesta diferente. Debido a esto, hallar el sentido de la vida no es una tarea fácil, y se dificulta aún más cuando nos encontramos en duelo, cuando se siente que nada tiene sentido tras la muerte del ser querido.

Al inicio del año cuando los medios de comunicación nos “bombardean” con la importancia de hacer ejercicio, comer sano, dormir como mínimo siete horas o emprender; es válido que en medio del duelo sintamos ganas de “hacer nada”, así como también es válido que no nos sintamos culpables por ello. Recordemos que la pérdida genera un profundo vacío y perdemos todo interés por aquello que no esté relacionado con nuestro ser querido o nuestro duelo. Poco a poco podremos ir recuperando “las riendas de nuestra vida”, sin forzarnos ni presionarnos para ello. Cada persona tiene un ritmo y unas prioridades diferentes.

Ayuda recordar aquellas cosas que en algún momento fueron de nuestro interés o pensar en eso que siempre quise hacer y no hice por alguna razón. Puede parecer un poco “egoísta” el que queramos continuar con nuestras vidas cuando nuestro ser querido no está, pero ello no es deslealtad, olvido o traición, por el contrario puede ser “gratitud”, y un homenaje donde honramos su vida, su recuerdo, viviendo nuestras vidas. Estar en duelo no es “firmar un contrato para ser infelices el resto de nuestras vidas”.

Otras estrategias que pueden ayudarnos cuando sentimos que hemos perdido nuestro propósito o el sentido de nuestras vidas son:

          Cultivar nuestro autocuidado y amor propio, por ejemplo mejorando nuestros hábitos alimenticios y evitando lo que pueda hacernos daño como beber en exceso o consumir sustancias psicoactivas. 

          Permitirnos buscar ayuda y recibir orientación profesional en caso de requerirla. Si bien la consulta psicológica no va a darnos la respuesta  a cuál es nuestro propósito o sentido de vida puede orientarnos en su búsqueda.

          Reconciliarnos con nuestro pasado y trabajar en el dolor que no hemos elaborado.

          Responsabilizarnos de nuestros actos y nuestras decisiones sin culpar a los demás de lo que nos ocurre.

          Reconocer las propias capacidades, fortalezas, límites y debilidades (sin descartar que podemos trabajar constantemente en ellas).

          Ser flexible ante aquellos eventos que no podemos cambiar pero recordando nuestra capacidad de decisión frente a cómo responder y actuar.

 

Ante una situación adversa como la muerte de un ser querido podemos adquirir “resentimiento” con la vida, la sociedad e incluso la idea que tengamos de dios; pero también ante estas situaciones de aflicción podemos aprender y crecer interiormente en la medida en que demos un sentido a ese sufrimiento. Para Viktor Frankl, psiquiatra y neurólogo austriaco, “La vida humana nunca, bajo ninguna circunstancia deja de tener sentido y, este sentido infinito de la vida incluye, también el sufrimiento y la agonía, las privaciones y la muerte”.

 

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